¿Cuántas fotos sacaste?

En estos tiempos, es bastante común volver con algunos cientos o miles de fotos de las últimas vacaciones (o de la fiesta de cumpleaños, o del encuentro con amigos de anoche). Por suerte para nosotros (y por desgracia para Kodak), ya no tenemos que copiarlas en papel para compartirlas. Para eso tenemos los álbumes en internet como los que ofrecen Flickr, Picasa o Facebook. Pero que la nube nos ofrezca una capacidad virtualmente ilimitada, no significa que tengamos que subir absolutamente todas las fotos sin una selección previa (salvo, claro, si es para resguardo). Hay que pensar en quien luego va a mirarlas. Yo, al menos, me canso después de ver unas veinte o treinta fotos. Cuando Facebook me avisa que fulanito subió 1242 fotos me desanima tanto que no paso de las primeras tres o cuatro.

Entonces, si luego de hacer la selección, aún queda un grupo numeroso de fotos para mostrar, y querés que alguien como yo las vea, lo que podés hacer es tomarte el trabajo de elegir unas pocas decenas de fotos y crear otro álbum a modo de resumen, o separarlas en varios álbumes más chicos, o al menos poner al principio las cinco o seis fotos más significativas, porque el resto seguro que no las voy a mirar…

 

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Vida submarina

Hace algunos años, en un viaje, visité una isla en el Caribe donde estuve nadando alrededor de peces de diversos colores: azules, amarillos, hasta algunos con manchas tipo leopardo. Esos recuerdos están sólo en mi memoria, ya que no tenía forma de registrarlos bajo el agua. Al regreso de ese viaje compré una cámara sumergible, esperando la oportunidad de sacarle provecho.

Ese momento llegó recientemente, en las costas de Brasil. Esta vez, el cardumen era de una sola especie, pero colorida: amarillo y negro a rayas, cual hinchas de Peñarol, nadaban cerquita de la orilla, entre las personas que los mirábamos maravillados. Esta vez sí llevaba la cámara sumergible.

Más tarde vi delfines, pero ya no tenía la cámara a mano, por lo que nuevamente serán imágenes que me guardaré en mi memoria…

 

Mi imagen

En aquellos tiempos en que había que comprar un rollo cada vez que querías sacar fotos (hablo de las fotos familiares, yo sigo comprando rollos para hacer mis fotos), si querías tener alguna foto donde aparezcas, tenías que prestarle tu cámara a alguien para que la tome, porque, o bien era la única cámara disponible (a nadie se le ocurría llevar una cámara al cumpleaños de otro), o, en caso que alguien más tuviera (por ejemplo en vacaciones con amigos), era poco probable que luego le pidieras hacer copias de los negativos.

Cuando comenzamos a usar cámaras digitales, podíamos pedir que nos copien las fotos en un cd. Quizás por esta facilidad de intercambio fue que empecé a guardar todas los fotos donde yo apareciera, sin importar quién la hubiera tomado. Esto fue aún más fácil cuando pudimos compartirlas a través de internet, al principio por mail, luego a través de algún sitio donde alguien las subía para poder luego bajarlas.

Pero ahora que todos llevamos cámaras en todo momento, y podemos publicar las fotos inmediatamente en las redes sociales, la cantidad de imágenes donde aparecemos creció exponencialmente.

Por suerte ya no es necesario bajaras, porque entre etiquetas y buscadores, ahora es posible encontrar fotos de uno en las situaciones más insólitas…