Filialidad (2020)

“Flesh composed of suns”, dice el poeta Robert Browning, carne compuesta de soles.

¿Estás chinchuda?, le pregunté en el patio del hogar, ella lloraba, le di mi anillo para que jugara, se lo puso y me abrazó. Él, en el mismo patio, se sentó a upa mío, le dolía la muela, fue a pedir Ibuprofeno, ¿van a volver?, me preguntó cuando volvió. De qué está hecho eso que los convirtió en mis hijos, que me convirtió en su madre. A ella le salió una ampolla en el pie durante nuestra primera salida y le di mi media para que pudiera caminar. Él quiso salir corriendo por la calle y tuve que usar todo el cuerpo para poderlo agarrar. Ella jugaba a darme sopas envenenadas mientras se bañaba. Él encontró un sello con mi nombre y se lo estampó de la cabeza a los pies. Yo cocinaba y él se paró sobre mis zapatos, se robó un tomate de la tabla, dijo que el bebé había sacado la mano por el ombligo para comer. Ella se metió bajo mi poncho una noche de verano y, mientras se hacía el asado, jugó a nacer. Flesh composed of suns, carne compuesta de soles. De eso, de esos soles y de los que salen cada mañana, intuyo, está hecha mi maternidad.

Tamara Till

Cada familia es única. Tiene su propio origen, su propia historia. Cada una se conforma y crece de diferentes maneras. Hijos biológicos, adoptivos, por ovodonación, etc. Cada una lidia con sus propios problemas y dificultades. Cada una tiene algo de “especial”.

A su vez, todas las familias son iguales. Independientemente de su origen y su historia. Sin importar si los hijos son biológicos, adoptivos o de un óvulo donado. En todas ellas los lazos se construyen día a día, con una caricia, un beso, un abrazo, un “te quiero”.

Cada familia tiene una historia que contar:

  • “A pesar de las ganas de ser padre/madre, cuando nos confirmaron la posibilidad de adoptar dos mellizos de 8 años entramos en pánico. ¿Cómo será? ¿Podremos con eso? Yo no pude dormir por varios días. La ansiedad me comía el cerebro. Solo me tranquilicé cuando me di cuenta de que no tenía la menor idea de cómo iba a ser. Que solo había que tirarse a la pileta. Por suerte había agua y aquí estamos hoy tratando de hacer la plancha.” Cachi Bratoz
  • “Las marcas del tiempo, miradas profundas, diferencias unidas. Símbolos de nuestra lucha, esperanza y nuestro amor que nos mira cada día.” Familia Tognón Pariani
  • “Desde ese primer momento en que un hijo nace y te lo acercan para ponerlo en tu pecho, cuando lo miras por primera vez y puedes ver cómo se asombra ante el mundo que ahora tiene luz, empiezas a entender todo lo que se comunica a través de ese vínculo inmenso. Cuando sus ojitos te miran con su amor infinito, entiendes que sos su mundo, que él es tu mundo. Luego van creciendo y esas miradas van expresando agradecimiento, enojo, miedo, sorpresa, alegría, felicidad… Apenas un segundo de mirarse y ya sabes en lo profundo de tu ser cómo se siente, incluso aunque sea una mezcla compleja de emociones difícil de poner en palabras. Toda la felicidad del mundo viene a tu corazón con una mirada de amor de tu pequeño. Cuánto renace de tu mirada, diría un gran trovador.” Yani Alcaraz
  • “Cuando estaba posando para la foto, sentí ansia y curiosidad de saber cómo se iba a ver mi ojo. ¿Se verían las cejas o solo el iris? ¿Qué tan grande estaría la pupila? ¿Sería a color con esa cámara? No aguantaba la espera. Después quise saber cómo sería la comparación de mi ojo con el de mi papá. Ariel me la mostró y me pareció gracioso al ver el resultado. El contorno era muy distinto.” Joaquín Vicente Alcaraz

Cada familia nos muestra su historia…